Los investigadores han puesto el foco en los asteroides, debido a que estos cuerpos rocosos podrían contener metales y compuestos esenciales para la tecnología del futuro.
Los constantes avances tecnológicos están revolucionando diferentes áreas y sectores, y una en las que más beneficios está aportando es en la investigación espacial. Son muchos los nuevos hitos que se han alcanzado en esta última década, e investigadores no se dejan de poner nuevos retos gracias a que ahora la tecnología les acompaña de la mano para conseguirlos.
Si bien China y EEUU lideran esta carrera espacial, en el sentido que sus proyectos suelen ser más avanzados (principalmente por que son los países que más dinero invierten en ello), en esta ocasión un estudio internacional liderado desde España, en concreto por el Instituto de Ciencias del Espacio (ICE-CSIC) está analizando la posibilidad de extraer recursos minerales del espacio.
Los investigadores han puesto el foco en los asteroides, debido a que estos cuerpos rocosos podrían contener metales y compuestos esenciales para la tecnología del futuro. A esta conclusión se ha llegado con los análisis de restos de asteroides que han ido cayendo a la Tierra, donde se ha identificado la presencia de distintos materiales dependiendo del tipo de asteroide que se ha analizado.
La idea ir a buscar este tipo de materiales al espacio surge por la problemática de que perforar la Tierra en busca de estos en nuestro planeta implica enormes costes ambientales, desde altos consumos de agua y energía o la destrucción de ecosistemas entre otros.
Por lo que de esta manera se obtendrían estos materiales que son clave para la construcción de baterías y paneles solares sin necesidad de causar daño a la Tierra. El problema es que no todos los asteroides son iguales y contienen los mismos elementos, en eso consiste el estudio, en establecer cuáles merecen ser visitados y explotados.
"Parece ciencia ficción, pero también lo parecía cuando se empezaron a planear las primeras misiones de retorno de muestras hace treinta años", explican los investigadores.

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