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lunes, 8 de noviembre de 2010

AGRICULTURA REVOLUCIONARIA Vs AGROISLEÑA

Cualquier proceso revolucionario tiene como principal objetivo lograr la INDEPENDENCIA.  La Agricultura bajo el adjetivo de “Sustentable” se refiere a todo un modelo agrícola libre e independiente de los insumos externos, ya que se “sustenta” o alimenta a si misma (sustento: alimento, sustentable: que se alimenta a si misma), es decir  se caracteriza por utilizar los  productos que se generan dentro del mismo proceso, evitando la dependencia en el ciclo abierto de insumos EXTERNOS.
 
La agricultura sustentable es un modelo de organización social y económica basado en una visión participativa y equitativa del desarrollo, que reconoce al ambiente y al orden natural como fundamentos de la actividad económica (Economía: administración de la casa). La agricultura es sustentable, cuando es ecológicamente adecuada, económicamente viable, socialmente justa, culturalmente apropiada y se funda en un enfoque científico holístico.
 
Un modelo sustentable tiene que reducir la dependencia de insumos externos de las granjas, para así ayudar a los agricultores a salir de la crisis y volver a instalar las condiciones para la agricultura ecológica o biológica, basada en un modelo de granjas pequeñas, más justo, distributivo y verdaderamente productivo en EL CONJUNTO.
 
Es indispensable que analicemos, que si se le hiciera una prueba, test o cuestionario sobre condiciones de sustentabilidad a la agricultura que se práctica sobre el territorio venezolano; No lo aprobaría.  
 
La civilización humana comienza con la agricultura
Desde finales de la última glaciación hace 10000 años se demostró la estrecha relación inicial entre el ser humano y la naturaleza que lo rodeaba.
Como un legado, diversas especies de semillas ancestrales  fueron mejoradas por los agricultores para crear variedades, utilizando mecanismos observados desde  la naturaleza y de esta manera  se iniciaron los primeros cultivos de cereales como trigo y cebada
 
En el curso de miles de años de práctica agrícola hasta poco menos  60 años antes del presente, la mayor parte de los cultivos han debido adaptarse a las condiciones más variadas, produciendo genotipos muy diversificados.
 
En la antigüedad, la agricultura se afianzó y se desarrolló, para crear un equilibrio entre plantas comestibles, los posibles insectos nocivos y sus enfermedades,
 
Las variedades primitivas estaban caracterizadas por una notable variabilidad genética, sin duda alguna de las llamadas “plagas” y las enfermedades eran perjudiciales, pero sus daños eran mitigados por la diversidad de los genotipos, muchos de los cuales poseían defensas eficaces.  Además los campos habían aparecido entre espacios abiertos, entre áreas naturales y difícilmente podían transmitirse las infestaciones. Los cultivos sufrían daños, pero no devastaciones. Evidentemente el origen de la agricultura se basó en su característica de sustentabilidad. Venezuela en el Art. 305 de su Constitución Bolivariana rescata esta Agricultura.
 
El imperialismo de trasnacionales pone en Peligro la agricultura y la independencia de los pueblos, después de 9950 años de mantener la humanidad
La agricultura capitalista se inicia con el masivo uso de semillas hibridas.
Hace solo 55 años empezó el ataque y deterioro de esta  agricultura sustentable, con el desarrollo de un proceso de industrialización, comercialización e imperialismo, bajo el equivocado término de la “Revolución Verde”.  Este paso se amortiguó en la opinión internacional, utilizando campañas masivas, como principal base de motivación, que señalaban el impulso de este equivocado modelo agrícola como una solución al hambre mundial, que todavía hoy en día sufren más de 800 millones de personas, situación que aumenta exponencialmente.
 
Así aparece la introgresión* realizada por grandes compañías trasnacionales, con la aparición de nuevas combinaciones de genes ya existentes, guiada por sus centros de investigación a través de técnicas de hibridación.  Pero para obtener una mejora genética por introgresión, es necesaria la presencia en las poblaciones de plantas, de una gran variabilidad genética, de tal modo que se pueda obtener un gran número de combinaciones genéticas entre las cuales escoger. Esta variabilidad es máxima en los ambientes en los cuales una determinada especie ha existido durante mucho tiempo, ya que esto le ha permitido producir formas nuevas. Estos ambientes obviamente son los naturales originarios de esa planta, totalmente amenazados actualmente por su desaparición ante la acelerada destrucción ecológica de las deforestaciones  e incendios.
 
Así comenzó hace 52 años en el Tocuyo, estado Lara, la compañía AGROISLEÑA formada por un grupo de personas de origen canario, que vendía semillas hibridas a la vez que promovían todo un modelo agrícola de alta dependencia. Con esto se inicia en Venezuela el imperio de las semillas híbridas, que no pueden ser cultivadas nuevamente luego de la cosecha por su esterilidad, utilizando como tendencia una reducción del uso de semillas de variedades para los cultivos, a tal punto de amenazar con su exterminio total, obligando a nuestro país a depender tristemente para alimentarse  de corporaciones trasnacionales del ahora lucrativo negocio agrícola. La verdadera y perdurable consecuencia de la introducción de las híbridos de alto rendimiento, ha sido el abandono o la marginación de las viejas variedades, incluso en los centros de biodiversidad, con la consiguiente desaparición de una parte de la diversidad vegetal, y la puesta en peligro del resto del viejo germoplasma (conjunto de los genotipos existentes en un grupo taxonómico)
 
La situación cambió con la productividad industrial que requería de una gran intensidad de esta  agricultura, con la concentración por ejemplo, de un solo genotipo sobre enormes extensiones.
 
Con el desarrollo de las técnicas agrícolas, fue posible crear al inicio variedades, con la técnica de la “línea pura” en las especies de semillas, hasta llegar a las semillas híbridas: (los cultivos estaban compuestos de individuos idénticos genéticamente producto de la dirección antrópica de la evolución de plantas cultivadas). Solamente en el norte de América, se encontraban originalmente de 3000 a 5000 especies que pasaron a menos de 130. En
 
Venezuela país tropical antes de AGROISLEÑA,  se disponía  de 15000 especies comestibles cultivables.
 
El 85% de los alimentos del mundo, provienen prácticamente de 8 especies. Así los campos de cultivo presentaban cada vez más la característica de la homogeneidad genética, con variedades que exigían para su eficiencia   el uso de los abonos químicos, mecanización agrícola y riego, mientras que los eventuales enemigos bióticos eran mantenidos a raya con tratamientos suministrados por la nueva industria química a través de los plaguicidas.
 
Este constituyó el “combo” rentable del gran negocio agrícola, donde se cultivan superficies enormes con la misma especie hacia una antinatural  uniformidad genética. El negocio comenzó con las semillas y estas exigían los otros insumos.
 
El peor daño de esta agricultura no sustentable, fue a la biodiversidad, debido a la sustitución genética que llevó a cabo, pues ya casi nadie en el campo esta usando variedades sino semillas híbridas:  El énfasis de este tipo de agricultura con una constante intervención humana, está en el diseño de sistemas agrícolas simples de una sola especie, inestables, totalmente artificiales y no complejos en los cuales las interacciones ecológicas y sinergismos entre los componentes biológicos, son reemplazados por costosos insumos para mantener los mecanismos que patrocinan la fertilidad del suelo, su productividad y la protección del cultivo. Los agrotóxicos y fertilizantes inorgánicos eliminan los mecanismos autorreguladores de defensa de los ecosistemas complejos en los  cultivos biológicos.
 
Esta resistencia es útil siempre, ya que los insectos y las enfermedades mutan con el tiempo y se vuelven resistentes a los plaguicidas, de tal modo que pueden atacar a los genotipos resistentes. Estas especies había que buscarla en los centros de biodiversidad, en las variedades tradicionales que se habían “salvado”, o en los parientes selváticos de los cultivos
 
No fue suficiente con el “robo”, del material genético y de especies endémicas por las trasnacionales, sobre todo  las ubicadas en el tercer mundo. Ellos saben la importancia vital de las zonas naturales que todavía quedan en el planeta.
 
Precisamente las especies cuya diversidad está más en peligro, son aquellas más importantes para la humanidad  ya que están en curso de mejoría genética para producir nuevas variedades. Gran parte de la diversidad creada durante millones de años de evolución vegetal y durante miles de años de agricultura sustentable, ha sido destruida en unas cuantas décadas sólo en aras del miserable beneficio capitalista del modelo agrícola reciente.
 
El paradigma científico de la agricultura industrializada que ignoró el hecho de que la agricultura es un proceso ecológico, tiene que ser superado. La Agroecología es la Agricultura Sustentable.
 
Los monocultivos son una solución técnica para un problema específico, pero provocaron en la realidad una disminución del rendimiento y pérdidas a causa de las plagas, que pueden llegar a más del 50% en algunos casos.
 
El otro elemento a considerar en este negocio de  agricultura industrialista, es su total dependencia para funcionar del petróleo o de combustibles fósiles, que tienen un límite en sus reservas que se acorta cada día más, ante el incremento mundial del  consumo: desde la mecanización que usa combustible, el uso de fertilizantes químicos producidos en condiciones de presión y temperatura, logradas solo con el consumo de petróleo (se necesitan dos kg de petróleo para producir un Kg. de fertilizante inorgánico), la producción de  plaguicidas, el consumo de combustible para riego hasta el transporte en vehículos apropiados, necesitan consumo de grandes volúmenes de petróleo. La agricultura mundial necesita de casi 20 % del consumo mundial de petróleo. 
 
Las propias condiciones para seguir funcionando se afectan con la aplicación de este equivocado modelo agrícola: Según la Organización Mundial para la Agricultura y Alimentos (FAO, siglas en ingles), el ritmo de extensión de tierras cultivables que se destruye anualmente por erosión, salinización y destrucción química, supera los 800.000 km2,  y en el caso del agua es peor, pues el avance de la frontera agrícola con la deforestación y la destrucción de vitales cuencas hidrográficas, se suma al enorme consumo por la agricultura del 70 %  del abastecimiento mundial de agua.
 
En el momento actual, el mercado es global y la agricultura que debería producir un elemento fundamental para el sostenimiento de la humanidad, solo se orienta como negocio a la producción para un mercado de enormes cantidades de alimentos, que se exportan e importan por todo el mundo y la mayoría de los precios de los  productos agrícolas dependen de la dinámica de las bolsas de valores mundiales. 
 
El paso de expropiar a AGROISLEÑA no solo debe orientarse en un país como Venezuela orientado al socialismo del siglo XXI a frenar sus ilegales practicas monopólicas y oligopólicas con la anuencia de las trasnacionales del agro, aun más debe caminar a desmontar todo un modelo de agricultura perjudicial por sus características de contaminante, antiecológica y de real amenaza a la soberanía del Pueblo de Bolívar. 




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