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miércoles, 27 de agosto de 2014

Ministerio Público logró condena para ocho efectivos de la policía militar por corrupción en Macaracuay

(Caracas, 27 de agosto de 2014) Ante la acusación presentada por el  Ministerio Público, fueron condenados a 4 años, 6 meses y 10 días, ocho efectivos de la Policía Militar, quienes admitieron haber solicitado dinero a un escolta a cambio de regresarle sus credenciales, papeles de propiedad de la motocicleta que conducía y el arma de fuego, hecho ocurrido el 1º de junio de este año en la autopista Francisco Fajardo, a la altura de Macaracuay, municipio Sucre del estado Miranda.
            Las fiscales 77ª y auxiliar del Área Metropolitana de Caracas (AMC), Marijose Futrillé y Estefany Sosa, respectivamente, acusaron a Herlis Mercado (28) por la comisión de los delitos de concusión en grado de autor, agavillamiento y peculado de uso.
            Mientras que Jonny Guerrero (25), Rafael Hernández (27), Víctor Freitas (31), Rubén González  (21), Olver Ruiz (21), José Figueroa (19) y Ángel Freitez (20), fueron acusados por incurrir en los delitos de concusión en grado de cómplice necesario, agavillamiento y peculado de uso.
            Ante la admisión de hechos por parte de los policías militares durante la audiencia preliminar, el Tribunal 27º de Control del AMC dictó la referida sentencia condenatoria.
             Asimismo, la mencionada instancia judicial ordenó medidas de presentación cada 15 días, prohibición de acercamiento a la víctima y prohibición de salida del AMC.
            El día antes mencionado,  luego de que los militares despojaron al escolta de sus documentos, procedieron a pedirle la cantidad de 10 mil bolívares para regresárselos. Al constatar que la víctima no tenía la cantidad solicitada, partieron del lugar llevándose dos mil bolívares, el arma de fuego y el celular del hombre.
            Horas más tarde, el afectado formuló la denuncia ante la Dirección de Inteligencia de la Guardia Nacional Bolivariana, logrando que sus superiores de los efectivos militares los entregaran y fuesen puestos a la orden del Ministerio Público.  
Fuente: Ministerio Público



 
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Imponen a dos hombres sembrar 1.000 árboles por manejo indebido de sustancias peligrosas en Barinas

(Caracas, 27 de agosto de 2014) El Ministerio Público logró que se le impusiera al dueño y al encargado del taller mecánico “Alzate Moto Gama Barinas”, José Arcinio y Mauricio Paz, respectivamente, la siembra de 500 árboles cada uno, tras admitir haber manipulado incorrectamente sustancias peligrosas (combustible) y perturbar la tranquilidad de la comunidad El Cambio, municipio Barinas.
Tal situación fue denunciada el 21 de febrero de 2014 por habitantes de esa localidad.  
          En la audiencia de presentación, la fiscal 11ª auxiliar de esa jurisdicción, Leslie Amaya, imputó a Paz por presuntamente ser coautor en el delito de manejo indebido de sustancias o materiales peligrosos y generación de ruidos. Mientras que Arcinio fue imputado por el delito de  manejo indebido de sustancias o materiales peligrosos.
            Tales delitos están previstos y sancionados en la Ley Penal del Ambiente.
Luego de que los dos hombres admitieran su responsabilidad en el hecho, el Tribunal 4° de Control de Barinas acordó la suspensión condicional del proceso por un periodo de ocho meses y le impuso a Paz la siembra de 500 árboles apamate,
Mientras que se ordenó que Arcinio deberá sembrar la misma cantidad pero de la especie Palma, en el sector que designe  el Ministerio del Poder Popular del Ambiente (MPPA), instancia que, a su vez,  supervisará el cumplimiento de dicha sanción.
            Adicionalmente, la referida instancia judicial les impuso llenar 750 bolsas cada uno con compuesto orgánico, las cuales tendrán que entregar a la Comisión Nacional de Reforestación. 
Igualmente, los dos hombres deberán asistir a dos charlas de sensibilización ambiental. Por su parte, Arcinio tendrá que reubicar el mencionado taller de motos, puesto que actualmente funciona en una zona residencial.
            El citado día, vecinos de esa comunidad denunciaron ante el Ministerio Público que el referido establecimiento estaba contaminando a la comunidad con el derrame constante de gasolina, además de perturbar la tranquilidad de los vecinos con ruidos producto del trabajo mecánico que allí realizan.
            Por tal motivo, una comisión compuesta por efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana y funcionarios del MPPA se apersonaron en el lugar para constatar la situación, determinando que dicho establecimiento no contaba con los permisos reglamentarios para su funcionamiento, situación que fue notificada inmediatamente al Ministerio Público. 
Fuente: Ministerio Público



 
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El Gobierno no se ha salvado del hampa

La inseguridad en Venezuela no atiende a rostros. Aunque los registros policiales refieren que la mayoría de las víctimas son residentes de sectores populares, este año se ha visto un repunte de casos en los que individualidades del poder político nacional se han visto afectadas directa o indirectamente por el hampa.
Al menos 20 episodios de crímenes perpetrados contra 22 personas cercanas al Gobierno o a altos cargos de cuerpos de seguridad, han quedado registrados en lo que va de 2014 en las páginas de sucesos de los medios de comunicación social, de acuerdo con una investigación hemerográfica realizada por Globovision.com
En algunos casos, como los vinculados al presidente y al vicepresidente de la República, la violencia les ha alcanzado de forma indirecta con homicidios a miembros de sus grupos de escoltas. Mientras que otras figuras del acontecer político, como el alcalde de Río Chico, Enrique Franceschi, o el presidente del Concejo Municipal de Libertador, Eliézer Otaiza, han sido víctimas directas de la situación de violencia en la que se encuentra el país. Estos últimos asesinatos tuvieron un fuerte impacto en la percepción de inseguridad en el entorno que tiene la ciudadanía, de acuerdo a criminólogos consultados.

Los más afectados

Las víctimas de homicidio vinculadas a las altas esferas han sido, en su mayoría, funcionarios de seguridad dedicados al resguardo de alguna de estas figuras públicas
Sobre los casos vinculados a Miraflores, se halló que tres escoltas presidenciales han sido asesinados en lo que va de este año en distintos sectores de Caracas. El primero fue Arquímedes Rafael Ramírez, de 34 años, quien fue ultimado el pasado 30 de enero en Puente Llaguno. Apenas tres días después, murió a tiros José Gregorio Valdez, de 47 años, en Catia; y el 3 de mayo cayó Marco Antonio Cortez, de 29 años, en La Rinconada. Los tres fueron asesinados durante intentos de robos.
Otros nombres del acontecer político que han enfrentado la muerte de alguno de los hombres que integraban su anillo de seguridad fueron el vicepresidente Jorge Arreaza, con el homicidio de su escolta Jorge Luis Gil Mojica, en enero;el gobernador del estado  Aragua, Tareck El Aissami, a quien le asesinaron a Johandry García, en febrero; y el alcalde del municipio Chacao de Caracas, Ramón Muchacho, con la muerte de su cuidador Juan Lugo.
A este respecto, el criminólogo Francisco Javier Gorriño distingue que uno de los motivos que llevan a los delincuentes a atacar a estos hombres de confianza de las autoridades es la posibilidad que estos funcionarios de seguridad representan de obtener un arma de fuego para continuar cometiendo fechorías. “Sin embargo, no solo los roban, sino que también los matan porque saben que tienen un entrenamiento para defenderse”, lamenta.

Seguridad en la mira

El ministro para Interior y Justicia, Miguel Rodríguez Torres, anunció la semana pasada cifras referentes a la reducción del delito en Venezuela. De acuerdo con estos registros oficiales, en el primer semestre de 2014 los homicidios bajaron en 21, 2 % y el robo de vehículos disminuyó en 11,8 %, en comparación con el mismo período de 2013.
Durante ese mismo lapso fuentes cercanas al propio ministro resultaron víctimas de esos delitos. El 7 de mayo, su escolta Jimmy Alberto Linero Oropeza, de 38 años, fue asesinado en la parroquia La Candelaria de Caracas; y el 23 de julio delincuentes de Maracay intentaron robar el vehículo en el que se desplazaba la hija del ministro.
El criminólogo Fermín Mármol García distingue que estos sucesos son el resultado de “los altos niveles de violencia y de impunidad que reinan en el país” de los que, lamenta, “nadie se salva”. A su juicio, los delincuentes que actualmente operan en Venezuela no sienten respeto alguno por los cargos ni eligen con un cuidado particular a sus víctimas. “Buscan bienes, pero también respeto entre los suyos, no les importa si actúan contra un ciudadano común o contra una autoridad”.





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Tiroteo en hospital de Cabimas cuando 5 motorizados intentaron llevarse a delincuente recluido

Un intercambio de disparos se registró, la mañana de este martes, en el hospital Adoldo D' Empaire de Cabimas cuando cinco hombres llegaron a bordo de tres motos, presuntamente para llevarse a un delincuente que se encontraba recluido en el cuarto piso del centro de salud.
Efectivos del Cuerpo de Policía Bolivariana del Estado Zulia (Cpbez) lograron frustrar los planes de los delincuentes cuando un funcionario que se encontraba en el lugar (vestido de civil) se percató que los hombres bajaban armados con el sujeto, y alertó a otros compañeros, originándose el enfrentamiento en pleno hospital.
 El hombre estaba acusado por tráfico de drogas y  este lunes había sido operado de apendicitis. Una vez que los funcionarios acordonaron la zona, fue nuevamente apresado.
El policía que se encontraba custodiando la habitación donde estaba recluido el traficante de drogas fue sometido y esposado.




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La relación bipolar de Colombia con Pablo Escobar

El rostro de Pablo Escobar que observa impasible desde lo alto de una bandera verde y blanca marca claramente la entrada al barrio y confirma que éste es el lugar adecuado.
El célebre narcotraficante ha estado muerto por 20 años, pero su recuerdo parece estar más vivo que nunca en Colombia, donde muchos lo consideran un monstruo pero otros aún lo veneran como a un santo.
Y éste, el barrio de Medellín que reivindica orgulloso su nombre, es sin duda el sitio más obvio para empezar a tratar de entender la contradictoria relación que con su recuerdo mantienen los colombianos.
Lo de "monstruo" es facilmente comprensible: según los cálculos más conservadores, a lo largo de su carrera criminal Escobar fue responsable de al menos 4.000 asesinatos y libró una guerra sin cuartel en contra del Estado.
Para ello mandó a matar a rivales, políticos, jueces y periodistas, ofreció recompensas por cada policía asesinado y no dudó en dinamitar aviones de pasajeros y edificios públicos, abaratando como nadie el precio de la sangre y marcando con el recuerdo de su ola de terror a toda una generación de colombianos.
Pero aún así los más de 16.000 habitantes de la urbanización "Medellín sin tugurios" insisten en llamar a esta aglomeración de casas humildes que se apiñan en la ladera de una montaña "Barrio Pablo Escobar".
Y el rostro y el nombre del que muchos consideran el criminal más rico y despiadado del siglo XX también están por todas partes.

Agradecimiento
La explicación más sencilla, pero también la más abusada, es el agradecimiento.
Franquelina Guerra con sus nietas en el barrio Pablo Escobar. En las rodillas, una foto de Pablo Escobar.
Franquelina Guerra con una de sus nietas. En las rodillas, una foto de Pablo Escobar.
Fue el propio Escobar quien mandó a construir las primeras 443 casas de esta barriada –que actualmente tiene unas 4.000 viviendas– para dárselas a los más pobres de la ciudad, entre los que también acostumbraba repartir canchas de fútbol, dinero, medicinas y alimentos.
"Nosotros respetamos el dolor de las víctimas pero le pedimos a la gente que por favor entiendan la alegría nuestra, lo que significa salir de un basurero a vivir a una vivienda digna, que se la regalen a cambio de nada", le dice a BBC Mundo Ubernez Zavala, el presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio.
Y doña Franquelina Guerra Carvajal, de 78 años, una de las fundadoras de la urbanización, es incluso más tajante.
"Él fue una buena persona. Nosotros estábamos viviendo muy mal, él nos hizo una visita allá (al basurero) y nos dijo que nos iba a comprar un lote para hacernos unas casas, porque nosotros éramos unas personas que merecíamos lo que merecía un rico", le cuenta a BBC Mundo rodeada de sus nietos, mientras sostiene en sus rodillas una foto de Escobar y otra de su madre.
"Yo no conocí nada de eso. Yo lo que conocí fue lo bueno de Pablo", contesta cuando se le pregunta por el lado oscuro de su benefactor.
"Yo pienso que eso nunca fue así, porque yo nunca supe", responde a cualquier sugerencia de atentados con bombas y asesinatos.

Rebeldía
El de doña Franquelina es un escudo que he visto desplegado incontables veces, y no sólo en Latinoamérica.
Ubernez Zavala
Ubernez Zavala es el presidente de la Junta de Acción comunla del barrio Pablo Escobar.
De alguna manera, para poder sobrevivir a menudo elegimos de la realidad solamente aquello que nos conviene, lo que no incomoda, lo que no cuestiona.
Pero aquí, en el barrio Pablo Escobar, esa actitud también parece reflejar una profunda desconfianza hacia los discursos oficiales, hacia las versiones de la historia de aquellos que siempre los han tenido abandonados.
Y la necesidad de plantarle cara a la élite altiva y al Estado lejano parece resonar en las palabras de Uber Zavala cuando me cuenta de la complicada relación de su barriada con las autoridades locales.
"El barrio ya va a cumplir 30 años y no tiene cancha, no tiene escuela, no tiene sede comunal, tiene pocas vías, no tiene un parque", se queja Zavala, a quien también le dicen "El mocho" pues perdió su brazo izquierdo combatiendo en el ejército colombiano.
"Un alcalde nos dijo que para ayudar al barrio había que cambiarle el nombre. Pero nosotros no vamos a cambiar la dignidad por bolsas de cemento", sostiene.
"Un alcalde nos dijo que para ayudar al barrio había que cambiarle el nombre. Pero nosotros no vamos a cambiar la dignidad por bolsas de cemento"
Ubernez Zavala
El orgullo detrás de sus palabras me hace recordar que era precisamente en los barrios más pobres de Medellín donde Escobar reclutaba a sus sicarios.
En esos casos, la promesa de dinero rápido seguramente era la parte más importante del trato. Pero el politólogo Gustavo Duncan sugiere que cierta dimensión política también puede ayudar a entender mejor por qué esos jóvenes estaban tan alegremente dispuestos a morir y matar por el capo.
"Nosotros no íbamos a morir robando un banco. Pablo Emilio nos dio la oportunidad de morir declarándole la guerra al Estado", explica uno de esos pistoleros en el ensayo "Una lectura política de Pablo Escobar", escrito por Duncan y citado por la revista Semana.

Simbolismo
Tal vez ahí hay otra explicación: en las calles de barrios como el Pablo Escobar, que abundan a lo largo y ancho del territorio colombiano, todavía prima la sospecha y el resentimiento para con los representantes del Estado.
José Giraldo con una pegatina de Pablo Escobar.
José Giraldo vende pegatinas con el rostro de Pablo Escobar, "Pablito".
Y eso también podría explicar la vigencia de la imagen del capo.
La suya es, después de todo, una imagen tremendamente poderosa, que puede resultarle especialmente atractiva a los desesperados y a los jóvenes que no tienen recuerdos de su violencia y quieren confrontar a las autoridades.
Y, como explica Mark Bowden en el libro Killing Pablo, Escobar también apostó desde un inicio en favor los sentimientos anti-norteamericanos, presentando su negocio como algo que no tenía por qué afectar a los colombianos.
"Según este razonamiento, Pablo no sólo se estaba enriqueciendo a él mismo, también estaba dándole un golpe al establecimeinto y usando su dinero para construir una nueva Colombia. A nivel internacional le estaba quitando a los ricos para darle a los más pobres", escribe el periodista estadounidense.
Aunque la evidencia de un uso declaradamente político de la imagen de Escobar –al menos la que yo puedo encontrar– no pasa de la anécdota.
Ahí están, por ejemplo, los carteles con el rostro de Escobar y el mensaje "Pablo Presidente" que durante las elecciones de 2003 aparecieron por todo Medellín, explicados después por las autoridades como una "instalación" de un artista conceptual bogotano.
Y también la sencilla constatación de que, en las calles de la capital antioqueña, pegatinas con el rostro de "El Patrón" se venden a 3.000 pesos (US$1.50) y al lado de las del Che Guevara.
"Pero de esas dos la que más vendo es la de Pablito. Se vende más harto la de Pablo Escobar que todas las otras calcas", le dice a BBC Mundo José Giraldo, un vendedor ambulante.
"Hay mucha gente que pasa y me dice que por qué vendo eso", cuenta mientras conversamos al lado del semáforo donde se gana la vida.
"Pero yo les digo: no, también vendo la de Cristo, es la que le guste, para todos los gustos es que yo vendo".

Ambición

Las ganancias que genera Escobar después de muerto

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Las palabras de Giraldo son un buen recordatorio del proverbial espíritu emprendedor colombiano, particularmente arraigado entre los habitantes del departamento de Antioquia.
Y ciertamente en la fascinación por Escobar –de quien se dice llegó a controlar hasta el 80% de la cocaína que entraba a Estados Unidos, lo que según la revista Forbes le permitió convertirse en uno de los diez hombres más ricos del planeta– también es posible notar algo de admiración por su talento para "hacer plata".
"Los paisas somos tan emprendedores que inventamos el narcotráfico", he escuchado decir en más una ocasión.
Y el economista Alejandro Gaviria, exdirector del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de Los Andes, ha hecho notar que los narcos también fueron los primeros grandes exportadores de Colombia.
"Se adelantaron 20 años a la apertura económica", escribió Gaviria.
De hecho, durante los primeros años del reinado de Escobar, ni el Estado ni la sociedad colombiana tuvieron reparos en hacerse de la vista gorda con sus actividades o en beneficiarse con la gigantesca inyección de recursos generados por el narcotráfico.
Y los problemas solamente empezaron cuando este quiso salir de las sombras e ingresar a la política.
Ahora, sin embargo, el paso del tiempo parece haber logrado transformar a Escobar en un negocio legítimo y cada vez más boyante.
En las calles de Medellín, por ejemplo, no sólo se consiguen pegatinas con su imagen, sino también camisetas, relojes y libros dedicados al famoso capo.
Y la inmensa popularidad de la serie "El patrón del mal", producida por Caracol Televisión, no sólo la ha convertido en uno de los mayores éxitos comerciales en la historia de la televisión colombiana –la televisora ha vendido la serie a por lo menos 66 países–, sino también en una importante fuente de ingreso para los vendedores de productos piratas.
"La serie es un éxito en el país, todo el mundo volcado a comprar la de Pablo Escobar", le dice a BBC Mundo José Bustamante, quien vende CDs y DVDs "artesanales" en el atareado sector comercial de Junín.
Still de la serie "Escobar, el patrón del mal"
"Escobar, el patrón del mal" se estrenó con los ratings más altos en la historia de Colombia y ha sido un éxito en todo el continente.
Y si Caracol no tiene reparos en hacer algo de dinero con la historia de uno de los más grandes criminales colombianos, este humilde comerciante tampoco.
"A mí no me molesta vender porque esa fue una guerra que de pronto a uno no le tocó", explica Bustamante.
"Usted sabe que hoy en día todo es por la plata", agrega, con una frase que podría haber sido pronunciada por el propio capo.

Imitación
Es difícil establecer con seguridad si series como "El patrón del mal" –que fue objeto de un furioso debate en Colombia cuando se estrenó el año pasado– son causa o consecuencia de la fascinación por Escobar.
Pero una de las víctimas del capo, Federico Arellano, está convencido de que su comercialización ayuda a perpetuar un peligroso mensaje.
"Llegar a la casa por la noche, prender el televisor y ver la cara de este señor, pues me parece un insulto, es una bofetada", afirma el hijo de una de las 110 víctimas fatales del atentado en contra del Vuelo 203 de Avianca, ordenado por Escobar hace 24 años en un intento por deshacerse del entonces candidato presidencial César Gaviria.
"Mientras que en lo social el mensaje es absolutamente nocivo: es 'vaya de una vez, enfílese en la delincuencia, que eso le da dinero muy rápido y así puede sacar a su familia de pobre'", me dice Arellano –quien preside una fundación de víctimas de Pablo Escobar– durante una conversación celebrada en Bogotá.
Pablo Escobar y su esposa.
Pablo Escobar marcó a toda una generación de colombianos.
Y, de regreso en Medellín, termino preguntándome si no son precisamente los que quieren emular a Escobar quienes llegan a su tumba en las afueras de la ciudad a depositar ofrendas, a pedirle un milagro.
"Siempre le tiran billetes ahí, platica menuda, billeticos, hasta libras de arroz", le cuenta a BBC Mundo Federico Arroyave, quien se encarga de darle mantenimiento a la tumba de mármol verde y grava blanca rodeada de cipreses en la que reposa el capo.
Y es que, a pesar de los peligros, aspirantes al trono de Escobar nunca han faltado.
Una galería de capos del narcotráfico muertos o capturados, publicada recientemente por Semana, suma 50 retratos.
Y esa galería solamente incluye a los más importantes.

Leyenda
Según estimaciones oficiales, desde la muerte de Escobar hasta la fecha las autoridades colombianas han incautado 1.150.000 kilos de cocaína, por un valor aproximado de US$29.000 millones.
"Llegar a la casa por la noche, prender el televisor y ver la cara de este señor, pues me parece un insulto, es una bofetada"
Federico Arellano
Pero hay una estadística que ayuda a entender por qué, aunque el negocio sigue, son muchos los que están convencidos que nunca más habrá otro "Pablo".
Mientras que él estuvo al frente del Cartel de Medellín por 15 años en la actualidad la mayor parte de los narcotraficantes no logran mantener su liderazgo por más de dos años antes de ser "dados de baja" o capturados por las autoridades.
Y ninguno tiene el peso simbólico de Escobar: el pionero, el más rico, el más ambicioso, el más extravagante; el único dispuesto a enfrentarse de tú a tú con el Estado colombiano.
No en balde nadie en el mundo del narcotráfico ha hecho correr los ríos de tinta que ha merecido Pablo Escobar, o sido objeto de tantos proyectos de película, libros y reportajes.
Los lugares vinculados a su leyenda ya son además parte del circuito turístico de Medellín.
Y el año pasado fueron 176.000 las personas que visitaron su antigua hacienda, "Nápoles".

Recuerdos
Hace calor en la propiedad de casi tres mil hectáreas, ubicada casi a medio camino entre Medellín y Bogotá, desde la que Escobar controlaba su imperio criminal: la Hacienda Nápoles.
Un muñeco de Escobar abandonado en uno de los talleres de la Hacienda Nápoles
Un muñeco de Escobar abandonado en uno de los talleres de la Hacienda Nápoles
Y tal vez por eso los juegos acuáticos que hoy constituyen parte de su atractivo están rebosados.
Abandonada durante años, la hacienda actualmente alberga un ambicioso parque privado que en principio no podría estar más alejado de Escobar, pues está dedicado al África, los dinosaurios y el agua.
Pero la avioneta que supuestamente utilizó para transportar su primer cargamento de cocaína a Estados Unidos sigue marcando la entrada a la hacienda y el zoológico al aire libre que es una de las principales atracciones del parque también podría considerarse un guiño al pasado.
Efectivamente, entre las excentricidades más famosas de Escobar estaba su colección de animales exóticos –rinocerontes, elefantes, camellos, cebras, jirafas, canguros…– y el capo permitía la entrada a la hacienda de todos los interesados.
Y los descendientes de sus famosos hipopótamos –inmortalizados por Juan Manuel Vásquez en la novela "El ruido de las cosas al caer"– todavía retozan en los numerosos lagos artificiales de la hacienda. Una de ellos, Vanessa, es uno de los símbolos del parque.
"No podemos olvidar la historia de lo que pasó aquí. Desde aquí se intentó destruir a una sociedad entera"
Óscar Orozco
Como está orientado fundamentalmente a los niños, el empresario detrás del proyecto, Óscar Orozco, cree que la oferta lúdica de hacienda atrae más visitantes que su vinculación con Escobar y la historia del narcotráfico.
Pero la vieja casa-hacienda ahora alberga un museo sobre el tema, "pues tampoco podemos dejar olvidar la historia de lo que pasó aquí", le dice Orozco a BBC Mundo.
Y, sin dudas, la apertura del parque le ha permitido a toda una generación de colombianos revivir con sus hijos una experiencia que en tiempos de Escobar ellos vivieron con sus padres.
Es una generación que parece estar empezando a comprender que no se puede entender a ella misma, ni a su propio país, si no entiende también la historia de "Pablo".

Historia
Escobar está por todos lados, incluso en el Museo de Antioquia, el más importante de Medellín.
Museo de las víctimas de Escobar en la Hacienda Nápoles
La vieja casa-hacienda de Escobar ahora es un museo dedicado a sus víctimas.
Ahí, la escena de su muerte en un tejado de la ciudad, el 2 de diciembre de 1993 –mientras intentaba escapar una vez más de las autoridades– está registrada con los rubicundos trazos de Fernando Botero, el más famoso de los pintores colombianos.
Pero, a pesar de su ubicuidad, para muchos colombianos la principal fuente de información sobre Escobar hoy por hoy es la serie de Caracol Televisión y, en menor medida, algunas novelas y reportajes. No se le estudia en la escuela, muy poco en algunas universidades.
Y para el hijo de su primera gran víctima, el entonces ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla, esto también puede explicar la falta de consenso en torno al más famoso de los capos del narcotráfico.
"Las sociedades tienen que encontrar consensos sobre el significado del mal. Y a mí me preocupa que con muy poco rigor histórico, con mucha irresponsabilidad, en una novela se pretenda humanizar la figura de Pablo Escobar", dice Rodrigo Lara Restrepo.
"En una telenovela lo que prima no es el rigor histórico sino el rating. Se trata de convertir esto en un producto comercial, que tiene que divertir. Y cuando el crimen divierte se banaliza", afirma.
Para Lara, la decisión de capitalizar la historia de Escobar sólo puede entenderse como un triunfo de su legado: "es más importante el lucro, ganarse tres pesos que la conciencia nacional", le dice a BBC Mundo.
Aunque según el hijo el hombre que denunció por primera vez la influencia en la política de los dineros del narco, esa no es la única consecuencia de la vocación comercial de quienes se están encargando de contar la historia del capo.
"Eso también les permite saltarse alegremente muchos capítulos que algunos sectores de esta sociedad quieren olvidar y no quieren tocar", afirma Lara.
Está convencido de que muchos de los socios de Escobar continúan libres y gozan de poder e influencia.

Escepticismo
Esa tal vez sea la última pieza del rompecabezas: entre aquellos que se resisten a demonizar a Escobar tampoco faltan aquellos que creen que detrás de los esfuerzos por retratarlo como un genio del mal también están los intereses de quienes quieren ocultar sus propias relaciones con el narco.
Tumba de Pablo Escobar
El narcotráfico en Colombia no murió con Pablo Escobar.
No necesariamente niegan su monstruosidad. Pero creen que ha llegado la hora de redimensionarlo.
"Pablo Escobar fue utilizado por los políticos de turno, que luego fueron víctimas de la ira que ellos mismos generaron en él", me dice, de regreso en el barrio Pablo Escobar, Ubernez Zavala.
Y su convicción de que la guerra en contra de Escobar jamás fue una lucha entre diablos y ángeles probablemente está reforzada por el hecho de que varios de los hombres que adquirieron estatus de héroes en esa batalla hoy están guardando cárcel por presuntos nexos con el paramilitarismo u otros narcotraficantes.
Un ejemplo es el coronel Hugo Aguilar, quien afirma haber hecho el disparo que acabó con la vida del fundador del Cartel de Medellín.
Otro, el general Miguel Maza Márquez, el exjefe del servicio de inteligencia DAS y el objetivo de uno de los atentados más sangrientos de Escobar, hoy acusado de complicidad en el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán, ordenado en 1989 por el propio capo.
Ambos niegan los cargos.

Clase
Es la hora de partir y mientras recorro por última vez las calles del barrio "Pablo Escobar" también me pregunto hasta qué punto la imagen de Colombia como un país de narcotraficantes puede importarles o no a los habitantes de esta humilde barriada.
"El único consenso es que Pablo Escobar pasó a la historia. Sobre lo demás, jamás nos vamos a poner de acuerdo"
Ubernez Zavala
Efectivamente, uno de los principales problemas con el recuerdo de Escobar es que el narcotráfico no murió con él hace 20 años.
Y por eso, para muchos colombianos, "El patrón" no es historia antigua: es el símbolo de un problema –para algunos incluso una "cultura"– que se mantiene vigente.
El hecho de que la sangre y la muerte no hayan dejado de acumularse luego de la desaparición de capo, sin embargo, también ha provocado que cada vez sean más los que le asignan una mayor cuota de responsabilidad a políticas antidrogas elaboradas con los intereses de otros países en mente.
Y a los que más he oído quejarse de la estigmatización heredada de Escobar son aquellos que tienen que convivir con la sospecha y la discriminación en los aeropuertos del mundo.
No me da la impresión, sin embargo, que este sea un problema para Uber y sus vecinos, quienes por su origen y extracción probablemente también son tratados con sospecha en ciertos lugares de su propia patria.
Y, sin ser un criterio automático, la verdad es que las diferentes visiones de los colombianos sobre Escobar parecen estar fundamentalmente cruzadas por fuertes divisiones de clase.
Tal vez por eso es que Uber no cree que alguna vez vayan a ver las cosas de la misma manera.
"El único consenso es que Pablo Escobar pasó a la historia", le dice a BBC Mundo frente al muro verde con el rostro del fundador del Cartel de Medellín que él mismo ayudó a pintar.
"Sobre lo demás, jamás nos vamos a poner de acuerdo", concluye.





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