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lunes, 3 de diciembre de 2012

Rumor 2.0 en la era de internet

Un rumor inundó muros de usuarios en Facebook con un mensaje de propiedad intelectual.

En una misma semana dos gigantes tecnológicas fueron víctimas de la misma estratagema virtual: la guerra del rumor.

Se trata del arte -o el desatino- de generar noticias falsas en la red, difundirlas a través de redes sociales y después sentarse a esperar que caigan en la trampa medios e internautas por igual.

Facebook se pobló de mensajesen los que la gente aseguraba que "ante los más recientes cambios en la política privacidad de la empresa" declaraban que el contenido era suyo y no de la red social, instando a otros usuarios a hacer lo mismo.

En el caso de Google una empresa de relaciones públicas lanzó un comunicado en el que aseguró que el buscador había adquirido la empresa de WiFi, ICOA, por US$400 millones. La noticia falsa corrió como pólvora.


Facebook no es la primera vez que es blanco de un rumor de este tipo. Desde que su popularidad aumentó el sitio de hizo blanco de especulaciones diciendo que iba a cobrar, borrar el contenido de sus usuarios y otros dichos de ese tipo.

En la última entrega de esta telenovela, el mensaje en el que los usuarios defendían "legalmente" los derechos de autor de su contenido, comenzó a propagarse en muros a diestra y siniestra.


La intención era llamar la atención sobre nuevos cambios a la privacidad en la red social; el efecto real fue darle un golpe de mala publicidad a Facebook.

Tanto así que la empresa tuvo que publicar en su sitio un desmentido asegurando: "Existe un rumor circulando que asegura que Facebook está realizando un cambio relacionado con la propiedad intelectual de la información y el contenido que sus usuarios publican en línea. Esto es falso. Cualquier persona que usa Facebook tiene la propiedad y el control del contenido y la información que publican, como se establece en nuestras condiciones de servicio".


Pero más allá del rumor y el golpe de imagen a la red social, la lección a aprender es que aunque fuera verdad, el publicar un mensaje de estado pseudo-legal en Facebook no puede contravenir los términos y condiciones del servicio que cada usuario acepta al unirse al sitio. Como en cualquier otra página -y como lo hacen los millones de personas que no forman parte de sus muros- al que no le gusta Facebook tiene la opción de no utilizarlo.


El caso de Google parece ser más preocupante porque involucra también a las empresas periodísticas.


Resulta que la empresaPRWebdistribuyó un comunicado en el que daba cuenta de la falsa adquisición deICOA. Rápidamente varios medios y blogs reprodujeron la información dándola por cierta sin verificar las fuentes ni hablar con los involucrados. La historia incluso apareció en el sitio de Noticias del buscador que simplemente agrega contenido por relevancia.

Pero con la misma velocidad tanto Google como ICOA salieron a desmentir que la información fuera cierta. Minutos más tarde PRWeb admitió que se había equivocado no "llevando a cabo un análisis riguroso de la información como hacemos con todos nuestros comunicados".


Si quieren saber qué tan riguroso es ese análisis les recomiendoleer el artículoen inglés de Danny Sullivan de Search Engine Land.


¿Entonces quién distribuyó la falsa noticia? La respuesta es desconocida pero sabiendo que las acciones de ICOA subieron como la espuma durante unas cuantas horas, no es de extrañar que las teorías de complot apunten a algún fraudulento tenedor de acciones de la compañía.

Y ese es quizá el mayor riesgo. La inmediatez de internet, la velocidad con la que viaja la información hace necesario que no siempre creamos lo que leemos.


No es un problema de internet, ni de las redes sociales, ni de los blogs. Rumores y trampas han existido desde el principio de la humanidad, pero -como en aquel entonces- basta con tener un pequeño momento de duda cuando una noticia levanta una ceja.

En internet se pueden encontrar sitios comoSnopeoHoaxbustersen los que se puede comprobar si el "rumor" tiene cara de noticia o de especulación.


No hay que olvidar que la red es lo que nosotros hacemos de ella.








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