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martes, 1 de septiembre de 2015

En Mérida las muertes voluntarias son más frecuentes de lo que se imagina

Existe una fecha en el calendario en la que se recuerda cuán breve puede llegar a ser la vida. El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio por una razón bastante convincente: más de 800.000 personas mueren al año de esta manera, siendo la segunda causa de defunción entre los jóvenes de 15 a 29 años de edad.

En comunidades rurales del estado Mérida de Venezuela, los suicidios son tan habituales que salen del anonimato en cualquier tema de conversación, aunque lo hagan en voz baja para no llamar la atención.

Esa fue la atmósfera que en el año 2004 percibió Eliézer Arias, investigador del Centro de Antropología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), durante visitas de trabajo a localidades campesinas del municipio Pueblo Llano, cuya economía -basada en el cultivo de papas y zanahorias- ha sido objeto de su interés a lo largo de su carrera.

Tantas historias escuchadas sobre parientes o amigos fallecidos por cuenta propia lo impulsaron a buscar información, descubriendo que el país tenía en ese momento una tasa promedio anual de 7,5 suicidios por cada 100.000 habitantes, según la OMS.

En Pueblo Llano, con menos de 11.000 habitantes, la tasa de suicidios en un año superaba a la registrada en el territorio nacional y a la de países con mayor densidad poblacional como Japón.

El silencio de las moscas nació con el propósito de mostrar esta realidad a través de una herramienta comunicacional tan masiva y creativa como lo es el cine. El largometraje documental, de 92 minutos de duración, fue escrito y dirigido por Arias en el año 2013, luego de cuatro años de producción.

Su estreno en cartelera nacional está previsto para el viernes 11 de septiembre en varias ciudades del país, con el apoyo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (Cnac) -quien financió parte del proyecto-, las productoras NorteSur Producciones y CinemaLab Productores Audiovisuales y la distribución de Cinematográfica Blancica.

El film resalta a dos valientes mujeres, habitantes de pueblos vecinos de Mérida, cuyas hijas prefirieron terminar su recorrido por el mundo a los 15 años de edad. Con relatos de otros casos similares, Arias introduce al espectador en un tren a toda velocidad de profundos sonidos, imágenes inspiradoras y una fuerte carga de emotividad.




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