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martes, 12 de noviembre de 2013

Roberto Hernández Montoya: Toma y Daka

Los aumentos de más de 1000% en casi todo no son solo usura, sino una revolución al revés: una contrarrevolución. Y también un cierre técnico de las tiendas, como dedujo agudamente Diosdado Cabello. Imposible vender una nevera que vale dos casas.
Muchas revoluciones suelen conducir a cambios en la correlación de clases. La burguesía desplaza a la aristocracia, como en la Revolución Francesa, por ejemplo. Pero con Daka es lo contrario: se priva a las clases asalariadas de bienes como electrodomésticos, vivienda, automóvil, etc. Supresión del derecho a la propiedad sobre casi todo. La clase media se proletariza y el proletariado se lumpeniza. La utopía de la burguesía parásita venezolana: ser la única propietaria.
Cuando el sábado 9 de noviembre abrió Daka, luego de la sanción, hubo un zurriburri en Valencia que responde casi exactamente a la definición del Diccionario: «Conjunto de personas [...] de malos procederes». José Ignacio Cabrujas contaba que había pegado el oído al televisor para mejor oír las voces del saqueo durante el Caracazo. «Vámonos, que aquí todo es nacional», decían según José Ignacio. Era un invento suyo para burlarse de la que llamó Revolución del Trinitrón. Pero aquí no hay invento, oímos bien lo que decía la única gente que podía hablar con la frente en alto: reprendían a quienes pillaban y hasta les destrozaron un televisor.
Esto es una bomba lógica para la que llaman clase media opositora: 1) el gobierno le retornó el derecho a la propiedad, 2) sigue insultando el gobierno, 3) hace colas de noches enteras pero culpando al rrrÉgimen y defendiendo la especulación que la baja de clase. 4) Simultáneamente se la llamaba a una marcha «autoconvodada» que recobró el adjetivo de escuálida, etc. No sigo, la computadora me estallaría con tuercas y tornillos por el aire con tanta disociación sicótica.
Hace décadas André Gunder Frank escribió un librito que hizo época: Lumpenburguesía: lumpendesarrollo (http://j.mp/1dg1J9L). Ahora estuvimos a punto de restablecer no solo el Lumpenproletariat, sino de crear una lumpenclasemedia… O ya existe: mírala saqueando y gritando «¡con mi usura no se metan!».
En la España de 1814 una turba desunció los caballos de la carroza del rey Fernando VII para tirarla ella, voceando servil: «¡Vivan las cadenas!».




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